El software como oficio de obra
La IA no te convierte en programador: te pone en la mano un contratista infinitamente barato. Y delante de él no eres el albañil ni el arquitecto, eres el promotor. Lo que recibas valdrá lo que valgan las dos cosas que no puedes delegar: saber qué pedir y saber si se sostiene en pie.
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