¿Qué queda cuando pensar es gratis?
La inteligencia se ha vuelto agua: barata, infinita. Pero hay una sed que el agua no sacia. La máquina piensa; nosotros sabemos. Y ese saber que se cuece en la carne —el ojo, el oído, el paladar, la mano, las tripas— será tu mejor herramienta.
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